ELEI: ¡Oiga, doctor!

No, no voy a hablar sobre la canción de Joaquín Sabina, muy buena por cierto: “Oiga, doctor / Devuélvame mi depresión…” (enlace a la canción)

"Oiga, doctor! es una invitación a la reflexión sobre el uso del término "doctor" en el entorno sanitario y otras cuestiones profesionales.
¡Gracias!

Hoy, veinte de enero, quiero volver a un tema clásico de mi repertorio. Quizás, en mi caso, tenga que ver más con la edad, con el hecho de ser hombre o, simplemente, por las canas y la barba. El asunto es que cada vez con más frecuencia las personas que cuido se dirigen a mí con un “doctor”. Automáticamente, respondo “no soy doctor, no he hecho el doctorado”. A partir de mi respuesta, se producen todo tipo de reacciones:

  • Indiferencia, la persona sigue hablando como si nada.
  • “¡Qué quieres decir!”
  • “Pero no eres médico, entonces: ¿qué eres?”
  • “Pues tienes planta de doctor”

En muchas ocasiones, si se dan las circunstancias adecuadas, procedo a explicar qué significa ser  “doctor” y lo que implica: mayor grado académico fruto de una tesis doctoral tras unos años de dedicación y esfuerzo, que en el hospital hay doctores médicos, enfermeras, farmacéuticos, psicólogos y bla, bla, bla…. Y, no en pocas de estas ocasiones, tras la explicación la respuesta es algo como: “pues yo pensaba que eras médico, te mereces algo más importante”. Tras lo que me queda claro que mis palabras no han servido para nada.

Aprovecho esta, podríamos llamar, anécdota para invitarte a reflexionar sobre el cómo nombramos, o en tu caso nombras, a los profesionales sanitarios y especialmente a las enfermeras. En el mundo anglosajón, consultando por ejemplo la versión en línea del Cambridge Dictionary encontramos que “doctor” es la persona entrenada en ciencias médicas y cuyo trabajo es tratar a gente enferma o herida. También, de la misma fuente, doctor es la persona que ha recibido el máximo grado universitario. En español, si consultamos el diccionario de la RAE la situación se invierte como muestro en la foto. Aparecen los siguientes significados, en el siguiente orden:

  • Persona que ha recibido el más alto grado académico
  • Título de la Iglesia católica para algunos santos. 

Y, en tercer lugar, 

  • Médico u otro profesional especializado en alguna técnica terapéutica, como el dentista, el podólogo, etc.

[En caso de ser diferente, me encantaría que compartieras en el blog los usos en tu país o región]

Tras lo cual, me hago la siguiente pregunta: ¿por qué en el ámbito sanitario el uso del término “doctor” se sigue utilizando casi en exclusividad para los profesionales médicos? Es más, siendo estrictos con la definición de la RAE, cuando advierto a mis pacientes del error indicando que no soy doctor porque no poseo el tercer grado universitario puedo ser yo el que se está equivocando. Es decir, si una persona emplea doctor reconociendo el buen trabajo realizado en alguna técnica terapéutica como puede ser tratar un cuadro de ansiedad mediante la palabra o la relajación; conseguir que una persona agitada vuelva a la calma mediante la desescalada verbal sin utilizar técnicas coercitivas como las contenciones mecánicas o a la dedicación de muchos años a los cuidados de salud mental pues, en ese caso, sí podría entenderse correcto el uso de doctor. Admito que es un poco rizar el rizo pero de eso trata este escrito: de invitar a la reflexión en el uso de las palabras en el entorno sanitario. También soy consciente de la tradición histórica en el uso de estos términos pero como en tantos otros ámbitos de nuestra sociedad (igualdad, integración, humanización…) me parece interesante, necesario, adecuar el lenguaje a nuestro tiempo.

En el día a día en el ámbito hospitalario [disculpad pero el hospital es mi entorno natural], como he comentado, la realidad es que doctor se utiliza casi exclusivamente como sinónimo de médico. A lo largo de los años he vivido situaciones, más o menos curiosas, relacionadas con este tema. Si la memoria no me falla quiero compartir una anécdota, de mi época de estudiante de enfermería, en Sevilla. Primero debo explicar que nuestras profesoras nos habían instruido en que, ante un paciente, siempre debíamos presentarnos con nuestro nombre, advertir que éramos estudiantes, informar de la acción que queríamos realizar y pedir permiso para que nos dejasen realizar el cuidado pertinente. Aclarado esto, mis primeras prácticas fueron en una unidad de traumatología, donde era normal ir en grupos de 6 a 8 personas a visitar los pacientes en sus habitaciones: médicos, enfermeras, residentes de medicina, estudiantes de medicina y, como yo, estudiantes de enfermería. Pues bien, un alumno de medicina se presentó a una paciente de la siguiente manera: “Buenos días, soy el doctor Fulanito”… ¿pensáis que alguien dijo nada? Correcto. Desde entonces en innumerables ocasiones he vivido situaciones parecidas en las que un estudiante se identificaba como titulado y, también, en las que un profesional se presentaba asumiendo un grado o especialidad que no poseía aún. Yo, personalmente, siempre que una alumna o un alumno de enfermería se ha dirigido a un paciente, en mi presencia, como enfermera le he pedido que corrigiera el error. A veces, se justifica esta práctica como una manera de aumentar la confianza del paciente hacia el profesional pero me temo que, además de una falta de ética profesional, es todo lo contrario. Creo que a todos y todas nos preocuparía mucho el ser atendidos en un lugar donde las personas no se identifican correctamente. Y no quiero entrar en las responsabilidades legales.

¿Por qué me parece importante todo esto que estoy contando?

Este año, justamente el día uno, una mujer que cuidaba me llamó doctor y cuando le explicaba que no lo era, me interrumpió con la frase:

“Vale… pero usted si hubiera querido podría haber llegado más lejos”

¿Qué hay detrás de esta afirmación?

Las palabras de esta buena mujer me transportaron de inmediato a muchos años atrás, cuando recién acabada la carrera un señor, al que visitaba varias veces en semana para administrarle una inyección intramuscular, me dijo en confianza: “es usted jovén, aún puede hacer algo más importante en la vida, hasta estudiar medicina”.

Entre ambos casos, han pasado más de veinte años, sin embargo el trasfondo es el mismo: ser médico es más importante que ser enfermera [y por extensión más importante que cualquier otra profesión sanitaria] y desde luego no puedo más que estar en total desacuerdo aunque, en el día a día, vea que a muchos de mis colegas todo esto le importe un… bueno, dejémoslo en que les importa poco.

No quiero extenderme mucho más pero sí me gustaría invitar también a reflexionar sobre cómo los medios de comunicación tratan a las distintas profesiones de la salud. Un ejemplo claro, lo pudimos ver en la cobertura informativa en las noticias del mediodía en las distintas cadenas de televisión sobre el examen de acceso a la Formación Sanitaria Especializada. Con todo lujo de detalle hablaron sobre el examen MIR (médico interno residente) sin ninguna mención, o prácticamente nula, al resto de profesionales que hacían su respectivo examen en el mismo día de los grados de:

  • Biología
  • Enfermería
  • Farmacia
  • Física
  • Psicología
  • Química

Este tema da para mucho más, volveré sin duda a escribir sobre esto este 2023. Quiero recomendarte, si aún no lo has hecho, que escuches el episodio número 7 de nuestro podcast “El cuidado en la palabra” donde en la sección Café para Tres dialogamos con Núria Cuxart (experta en el uso adecuado del lenguaje) sobre cómo nos nombra, a las enfermeras, la sociedad  (enlace

Y para acabar con una sonrisa, una escena mítica de la película Spies like us (1985): enlace

Espero que este escrito te anime a reflexionar sobre cómo nombras/nombramos a los profesionales sanitarios y sobre qué conocimientos tienes/tenemos sobre la importancia, las funciones y responsabilidades que tenemos cada uno de nosotros y nosotras dentro del sistema sanitario.

¡Mucha salud, blogs y podcasts! 

Esta entrada está dedicada a todas las enfermeras doctoras, especialmente a las pioneras que tuvieron, incluso, que estudiar otras carreras para poder acceder al doctorado y cumplir sus sueños.

Añadido 28/01/2023
Comparto un magnífico vídeo de TV3 que Elena nos ha dejado en los comentarios y donde se entrevista a una enfermera y a un médico sobre la pandemia. Puede verse claramente todo los que hemos tratado en esta entrada. Es muy interesante también la comunicación no verbal de cada uno de los intervinientes. Aquí tienes el enlace, aunque recomiendo leer el comentario completo de Elena, gracias! [ver vídeo]



Aquí tienes todos los episodios de «El Cuidado en la Palabra»

T1 Ep8 El Cuidado en la Palabra El Cuidado en la Palabra

Episodio 8 de El Cuidado en la Palabra, podcast de divulgación enfermera. Este episodio cierra la primera temporada de nuestro podcast. En la primera parte podrás escuchar una entrevista realizada por los usuarios de un taller de terapia ocupacional dirigido por María del Carmen Cabanillas donde destacamos el trabajo realizado en la elaboración de las preguntas y la grabación de la entrevista. A continuación, una nueva entrega de El Rincón de las Emociones, por Iovanna Rodríguez que en esta ocasión analiza las Fiestas Navideñas desde el cuidado, el autocuidado y la salud mental. Sin duda, un enfoque original y muy interesante que puede ser de gran ayuda para muchas personas que vivimos las fiestas y el final de año de otras maneras. Y, finalmente, estamos muy orgullosos de compartir cuatro colaboraciones de unas personas muy especiales que ponen su granito de arena para acabar en positivo el episodio, nos referimos a: – Víctor Gabriel, del podcast Diario de Argifonte: https://go.ivoox.com/sq/813711 – Ana de Lacalle, del blog Filosofía del Reconocimiento: https://filosofiadelreconocimiento.com/ – Elena Lorente, del blog De Tots Els Colors: https://detotselscolors.wordpress.com/ – Y Themis, del blog: https://blogdethemis.wordpress.com/ Que seguro te dejarán fascinados con el contenido de los audios que nos han regalado. Un episodio apasionante y que, sin duda, no te dejará indiferente. Más información, extras y complementos en: https://elcuidadoenlapalabra.com/podcast/ Créditos de la música: Positive Soft Nature de MusicFiles y Ukelele Fun de Rafael Krux en filmmusic.io bajo lcencia CC. ¡Salud y Podcasts!
  1. T1 Ep8 El Cuidado en la Palabra
  2. T1 Ep7 El Cuidado en la Palabra
  3. T1 Ep6 El Cuidado en la Palabra
  4. T1 Ep5 El Cuidado en la Palabra
  5. T1 Ep4 El Cuidado en la Palabra


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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    Buena reflexión…

    Le gusta a 1 persona

  2. ¡Excelente entrada!, José Manuel. Qué bien explicado y desarrollado.

    Creo que hay un tema de base que tiene que ver con educación, cultura, costumbre. Tú también lo has vivido.

    En cuanto empecé a trabajar en Escocia me sorprendió gratamente el respeto, el valor, la visibilidad que tenemos las enfermeras en la sociedad. Para empezar, todo el mundo sabe quién fue Florence Nightingale, y el impacto que tuvo su trabajo pionero en los cuidados.

    Si un “paciente” o un familiar no sabe nuestro nombre porque todavía no hemos tenido la oportunidad de presentarnos, se dirige llamándonos Nurse. Precedido por un “excuse me”.

    Las enfermeras nos presentamos siempre, está integrado. Generalmente diciendo nuestro nombre de pila. Sin embargo, también es habitual que una enfermera se identifique con su apellido cuando hace una consulta con otro profesional de otra unidad, hospital, etc.

    El resto de los profesionales de la salud, en general, respetan y valoran a las enfermeras (independientemente del grupo/nivel de especialización (band) que tenga).

    Mi experiencia previa en Cataluña es diferente. Cuando alguien no sabe nuestro nombre, el recurso que utilizan suele ser “eh / oye / maca / noia”. Nunca he escuchado un, “disculpe enfermera”. Tampoco he escuchado “disculpe médico”. Pero sí, “doctor”.

    Los medios de comunicación tampoco están al día. A modo de ejemplo, TV3 hizo un reportaje sobre la pandemia en el que entrevistaba a una enfermera de urgencias y a un médico (jefe del servicio). La entrevistadora se dirige a ella por su nombre de pila, y a él como Doctor. Y no sólo eso, se detecta también una diferencia en el trato más cercano, de igual a igual, en el caso de la enfermera, rozando lo reverencial con el médico.

    https://www.ccma.cat/tv3/alacarta/marato/la-marato-la-fatima-el-testimoni-emocionant-duna-de-les-primeres-infermeres-infectades-per-la-covid-19-de-lhospital-digualada/video/6075412/

    Si realmente se diera valor al rol de las enfermeras en la sociedad, y todo el mundo se dirigiera a nosotras llamándonos, Enfermera, posiblemente la percepción sobre “llegar más lejos”…. Cambiaría.

    Menciono una “anécdota”. Recuerdo a una señora hospitalizada que al inicio del turno de noche me dijo que tenía mucho miedo a morir, a no despertarse por la mañana. Le prometí que iría a verla cada hora en punto para asegurarme de que estaba bien. Por la mañana me dio las gracias y me dijo, “tú eres mi Florence Nightingale”. Y así me presentaba a sus familiares y amigos.

    En España hace falta dar a conocer, ya desde la escuela, el trabajo y los nombres de las enfermeras que han hecho grandes aportaciones a la profesión, a la sociedad.
    Sólo se recuerdan y se hace referencia a los nombres de algunos médicos, doctores o no.

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    1. José Manuel dice:

      Estimada Elena,
      Disculpa por el tiempo en contestar, tu respuesta es en sí misma una muy interesante entrada sobre el tema.. Estoy de acuerdo contigo en que la educación, la costumbre y la cultura son factores importantes a tener en cuenta aunque, a su vez, en mi entorno impresiona la dificultad de cambiar ciertas cosas a mejor. No confío demasiado en los recuerdos de mi etapa inglesa tanto por la brevedad de mi estancia como por el tiempo que ha pasado aunque el respeto de pacientes y demás profesionales hacia las enfermeras también me llamó la atención desde el principio.
      Ayer mismo, al entrar a trabajar en el turno de noche una paciente me dijo: “Hola, bombón” [fíjate que barbaridad jajaja], yo le respondí “José Manuel o enfermero” y ella me respondió: “lo que tu quieras bombón”. Aunque no había mala intención ni falta de respeto sólo bromear un poco y salir del aburrimiento, esta escena es del todo improbable que se produzca hacia un médico. De Inglaterra me traje cosas buenas, aún hoy es frecuente que salga de mi boca cosas como: “Buenos días, soy José Manuel, su enfermero, ¿me permite que le tome la tensión?” Imagínate las caras de propios y extraños jajaja.

      Otro ejemplo, puede ser la manera en que contestamos al teléfono, con un “Psiquiatría” nos suele bastar. En Inglaterra, era obligado la fórmula: [Nombre del Hospital] + [nombre de la unidad] + [nombre y cargo del profesional] + [Buenos días] + [¿en qué puedo ayudarle?]. Al principio parecía un trabalenguas pero al poco tiempo ya se decía de manera automática: “St. Mary Hospital. Nightingale ward. José Manuel Staff nurse´s speaking. May I help you?”

      El vídeo que compartes es magnífico. A raíz de esta publicación varias compañeras me han comentado anécdotas sobre sus experiencias y hemos reflexionado sobre las posibles causas.

      Hace años, el curso académico comenzaba con la Ética y como las mentes de las alumnas y los alumnos estaban aún vacías de nuestros contenidos hacía una pequeña encuesta preguntando por nombres sus futbolistas, cantantes, físicos, médicos, enfermeras, etc… favoritos… la mayoría, a pesar de haber elegido Enfermería, no conocía a ninguna enfermera o, a lo sumo, citaba a algún familiar o alguna profesional de su centro de salud sin embargo no tenían problema en citar algún médico aunque fueran Severo Ochoa o Ramón y Cajal.
      Mil gracias por tu comentario e ilustrarnos de esta manera.
      Un abrazo!
      JM

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  3. themis t. dice:

    Buena entrada, es que a las enfermeras no se las tiene en cuenta, se la considera como un elemento dentro de la salud de segunda, como que te quedas ahí pues no puedes aspirar a más, más allá que la mayor parte de las veces resuelven mejor los problemas del paciente, están para apoyar y ayudar, muchas veces frente a esos médicos que no ven el ser humano que hay detrás de la enfermedad. Tal vez, algún día, no hay que perder la esperanza, se las pueda integrar como un rol indispensable en la sanidad y la sanación. Abrazo grande José Manuel

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    1. José Manuel dice:

      Gracias Themis por tus palabras. Me consta, como explica Elena en su comentario, que las diferencias que podemos encontrar en los distintos países y las distintas culturas en cuanto a la identidad, rol y reconocimiento de las enfermeras pueden ser muy grandes. Seguramente, en otras profesiones la realidad es mucho más homogénea. En España, se van consiguiendo cosas, sin duda, pero cada logro hay que lucharlo y mantenerlo con gran esfuerzo porque a las primeras de cambio poderosas fuerzas que, generalmente, vienen del entorno médico y la administración intentan que retrocedamos. A nivel académico, como explico en mi post, las enfermeras estamos al mismo nivel que cualquier grado y con una producción científica impresionante. A nivel político por ejemplo, si no me equivoco, en la actualidad hay dos consejeras (el equivalente a ministro en las comunidades autónomas) enfermeras y, muy especialmente, la de mi comunidad está desempeñando una gran labor.
      Un fuerte abrazo y mil gracias!!!

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